Archive for the 'Política' Category

Manual de Incidencia en Políticas Públicas


Una nueva herramienta para que los Ciudadanos y Organizaciones transformen las políticas públicas

El Manual de Incidencia en Políticas Públicas es el primer manual en México para organizaciones de la sociedad civil (OSCs) que recoge una metodología única desarrollada por Alternativas y Capacidades, que contiene casos reales de OSCs que han buscado incidir, así como ejercicios prácticos diseñados de una forma didáctica, y un marco teórico simplificado para quien apenas comienza a explorar las políticas públicas y el contexto gubernamental mexicano.

 Este manual está construido para las organizaciones, redes o grupos de la sociedad que practican, han practicado, o desean practicar la incidencia en políticas públicas, otorgándoles una serie de herramientas útiles para elaborar su plan de incidencia, fortalecerlo o mejorarlo. En él se desarrollan conceptos y conocimientos clave para que el lector pueda, mediante una metodología sencilla y clara, elaborar un plan de incidencia en políticas públicas orientado a resultados prácticos y realistas.

El contenido está elaborado con las experiencias y conocimientos recogidos en Alternativas y Capacidades, al  impartir talleres y cursos sobre el tema. De ahí surgió la necesidad de crear un manual en el que se insertaran todas esas experiencias, y en el que pudiéramos añadir estudios y materiales de lectura que complementen la visión de la incidencia en políticas públicas, en el contexto mexicano.

Para obtener esta publicación comunícate al 55959111 con Julia Romero o envía un correo a jromero@alternativasociales.org

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El debate en procesos electorales: un ejercicio de todos


Por: Giovanna Morales

Uno de los elementos que ayudan a construir ciudadanía, son las discusiones colectivas de asuntos públicos que interesan a la comunidad política. Nosotros como ciudadanos somos parte de una comunidad política, y como tal, tenemos derechos y obligaciones. Me parece que sin duda una obligación ciudadana es escuchar los puntos de vista de los diferentes candidatos, a través de un debate. Por eso sí lo creo necesario, pero con sus debidas restricciones. Incorporando a la ciudadanía.

El debate es un acto propio de la comunicación humana que consiste en la discusión acerca de un tema polémico entre dos o más grupos de personas. Es de carácter argumentativo, y es guiado por un moderador. En teoría un debate ayuda a crear un ambiente democrático, pero eso depende totalmente del contexto en el que se da. Existen dos formas de realizar un debate en épocas electorales: con la ciudadanía o sin la ciudadanía. El primero busca integrar las propuestas de la sociedad y discutirlas con los ciudadanos. El segundo, se realiza exclusivamente entre los candidatos y corre el riesgo de ser una estrategia de la guerra sucia, que pretende destruir al candidato rival sin piedad. ¿Cuál de éstos dos les suena más conocido?

En México el debate se realiza sin la ciudadanía. Es una herramienta que más que ayudar al ciudadano a discernir y decidir a quién dar su voto, lo manipula para decidir cuál de los candidatos es el peor, y votar por el contrario. No podemos decir que promueve un ambiente democrático ni que es un instrumento de participación ciudadana. Hay países en los que sí lo es. En Inglaterra, por ejemplo, durante muchos años los debates se han llevado a cabo entre los candidatos y la ciudadanía, en grupos pequeños y en un formato en el que los ciudadanos pueden cuestionar al candidato sobre sus propuestas, y éstos las integran a su plataforma. En las recientes elecciones celebradas en ese país (mayo 2010), además de realizar discusiones abiertas con los ciudadanos, por primera vez en la historia también se transmitieron una serie de debates en televisión abierta, entre los candidatos, pero siempre había tenido prioridad el otro tipo de debate. La combinación de los dos tipos de debate ayudó a que el ciudadano pudiera discernir mejor su voto, y a que los partidos pudieran exponer mejor sus puntos de vista y las elecciones fueran más equilibradas. Una prueba de ello es que por primera vez el parlamento no cuenta con mayoría de un partido.

El riesgo de hacer un debate sin el ingrediente ciudadano es grande para los ciudadanos, y hasta para los propios candidatos. Los estrategas de las campañas políticas lo saben. Saben que un debate puede ser un arma de doble filo: o destruye al candidato, o lo levanta en hombros, porque en este país los debates se utilizan como estrategia de la guerra sucia electoral. Esto nos ayuda a entender porqué los candidatos en general o lo impulsan con ansia saboreándose la derrota del enemigo, o le temen despavoridamente.
Fue lo que sucedió en Sinaloa, con el debate que terminó siendo un enfrentamiento descuartizador entre Malova (de la coalición PAN-PRD-Convergencia) y Vizcarra (del PRI-Verde-Nueva Alianza). Y pregúntenme quién ganó con el debate, ¿la ciudadanía, los candidatos, o solo uno de ellos? A la ciudadanía lo que le quedó marcado fueron las acusaciones hechas, más que las propuestas y los contenidos de las plataformas, pues los candidatos se dedicaron la mayor parte del tiempo a sacar los “trapitos sucios”. Y los medios de comunicación resaltaron la paliza que le dio Malova a Vizcarra con el argumento que lo liga con el narco. Ganó sólo uno de los candidatos: el que pegó más duro. Creo que el debate entre los candidatos en Puebla se ha vuelto muy predecible, y no tiene ningún mérito imaginarse que será igual que lo que sucedió en Sinaloa.

Y por eso me parecería muy enriquecedor que los ciudadanos pudiéramos, además de escuchar u observar un debate a través de los medios de comunicación, interactuar públicamente con los candidatos en una discusión abierta. Desafortunadamente la conexión entre los ciudadanos y los candidatos (y las autoridades)  está roto desde hace tiempo y el único acercamiento con la ciudadanía durante la época electoral que se me ocurre nombrar, son los mítines. Pero sabemos que los mítines son actos deliberadamente populistas.

Y en el caso de Puebla, por ejemplo, mientras los candidatos se pelean por realizar un debate y por el número de debates a realizar, y mientras los medios de comunicación libran su propia batalla por ver quién modera y quién transmite, un grupo de ciudadanos agrupados en la Red Actívate por Puebla, presentará este 15 de junio, un día antes del debate, las propuestas ciudadanas que recogió en la serie de foros que realizó con los distintos sectores de la sociedad poblana. Los ciudadanos estamos ansiosos de abrir espacios así. En Facebook ya se creó un grupo de poblanos que se denomina “Los ciudadanos pedimos debate”, que pide que también los candidatos a presidentes municipales lleven a cabo un debate, y la comunidad twitera ya también instó a los candidatos Zavala (coalición PRI-PVEM) y Moreno Valle (Coalición PAN-PANAL-PRD-Convergencia), a que sostengan un debate por este medio.

 Por eso mi invitación es a pensar críticamente para discernir qué de lo que se discutirá en el o los debates, es realmente una propuesta con contenido, y qué de ello serán solamente estrategias sucias que pretenden embarrar al otro candidato para restarle votos.

Mexicanos: menos protesta y más propuestas y acciones


Por: Julia Romero

“Para lograr cambios estructurales hay que empezar por uno mismo”

Todos los días escucho quejas, sobre gobiernos, gobernadores, funcionarios, organizaciones, familiares, amigos, etc. Y con esto de que la tecnología permite a la gente quejarse en más medios de comunicación al día (blogs, facebook, twitter, myspace, etc.), se pueden ver, escuchar, recibir, postear y twitear quejas exponencialmente. Al parecer el facebook funge de intermediario entre las discusiones de sobremesa y las revoluciones de café, y hay que tener cuidado porque “todo lo que uno diga podrá ser posteado en su contra”. 

En un mundo donde predomina el infotenimiento, da la impresión de que que facebook está a punto de ocupar el puesto de Dr. corazón, psicólogo, antidepresivo, paño de lágrimas, vaso-dilatador, etc  de los cybernautas y donde se invierten más horas al día en aplicaciones como Farmville que para trabajar en algo productivo, o para estar en contacto con la realidad de nuestro país. Qué clase de evasión se está generando donde la gente conoce más sobre la parcela cibernética de vacas azules de un desconocido, que la del campesino e está en la periferia de la ciudad manifestándose  en una verdadera lucha por sobrevivir. La ignorancia y la abulia son nuestros peores enemigos, no hay diferencia entre el tirano y el sumiso, para que existan la tiranía y los monopolios existen también ciudadanos que con sus acciones validan esa tiranía. Por lo tanto no hay diferencia entre lo que hace Monsanto y un ciudadano que no es capaz de ver esa realidad.

Hemos permitido que los medios de comunicación nos aislen en lugar de conectarnos, nos desinformen en lugar de comunicarnos, y nos mantengan en la ignorancia, mientras nosotros aceptamos los contenidos que se nos ofrecen sin siquiera cuestionar.

Desde hace tiempo se dice que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, qué voy a hacer para merecer algo mejor. Alguien muy sabio me dijo  “Yo ya no me pregunto qué país le voy a dejar a mis hijos, si no qué hijos le voy a dejar a mi país”.

No podemos esperar que sucedan cambios estructurales que beneficien el desarrollo de nuestro país, si la mayoría de las personas que pueden realmente hacer algo desahogan sus preocupaciones en redes sociales, y las revoluciones se terminan al levantarse de las sillas del café.

Para lograr cambios estructurales hay que empezar por uno mismo. Si queremos terminar con la corrupción afuera, primero hay que mirar dónde se origina la corrupción en nosotros mismos. Cuántos de nuestros actos al día son corruptos o contribuyen a fortalecer la corrupción en México. Si queremos un país diferente, necesitamos ser mexicanos diferentes, concientes y dispuestos a actuar. El consumidor tiene el poder siempre, y siempre se puede decir que no.

Y todos somos corresponsables de la situación que vivimos hoy en nuestro país desde el momento en que decidimos ignorar la realidad de millones de mexicanos que viven en situaciones de completa vulnerabilidad, simplemente porque mirar esa situación no cabe en nuestra agenda social.

 Ser ciudadanos significa saber que somos corresponsables de la realidad del país, y como tales debemos tomar acciones, profesionalizarnos, conocer nuestros derechos y obligaciones, vigilar que las leyes se cumplan, seguir las carreras y agendas políticas de nuestros gobernantes, informarnos sobre los procesos e iniciativas de ley, dar seguimiento a los programas sociales para garantizar el impacto de los recursos invertidos,  implementar planes de acción para incidir en las políticas públicas, saber diferenciar entre lo público y las políticas públicas, etc. De otra forma sólo somos personas que nacieron en un territorio y que siguen una serie de costumbres sin siquiera saber porqué.

Desde dejar de consumir productos de empresas que sabemos que contribuyen a la desigualdad de oportunidades, que no promueven los derechos humanos, ni la equidad de género, ni con la salud, y que fomentan la esclavitud de la humanidad. Desde hace algunos años está de moda que las empresas se cuelguen medallas que las califican como “socialmente responsables” pero en la mayoría de los casos dichas empresas sólo cumplen con cambiar “algunos”  de los muchos indicadores  como  para ser certificados y portar la ostentosa medalla.

Como ciudadanos no podemos seguir validando estas acciones. Todos somos instrumentos de cambio social. Para que este cambio sea estructural y positivo tenemos que poner mucha atención, no quedarnos con el discurso mediático. Seamos agentes de cambio social, cuestionemos la información que se nos presenta en medios de comunicación, pongamos los pies en la realidad social, informémonos y tomemos acción, entonces sí participaremos en construir un mejor México para el futuro. Si no, todo lo demás se convierte en pan y circo.

El gran mito de la revolución: que existió


99 años festejando una mentira

Por:  Juan Miguel Zunzunégui

Tanto le gusta la fiesta al mexicano que festeja hasta las tragedias. Ejemplo de eso es festejar cada año la Revolución, y además organizar un magno festejo para su cumpleaños número 100. A cien años de iniciada esa masacre a la que los historiadores de quincena llaman Revolución, México no necesita festejar, no tiene nada que festejar. Lo que hace falta a 99 o 100 años es una gran reflexión.

Nos acercamos al mentado centenario y la Revolución es una religión en México, y como todo lo sagrado, no se analiza, ni se cuestiona, ni se critica. Pero dice también la religión “por sus frutos los conoceréis”; así es que veamos los frutos de esa mal llamada primer revolución social del siglo XX…, porque hasta eso celebramos, fuimos el primer pueblo del siglo XX en romperse la madre unos contra otros. Sí Señor.

Pero a 100 años: México no es un país moderno, no funciona la democracia, no hay justicia social, el caudillo se impone a las Instituciones, el pueblo sigue anclado al paternalismo, continúan inmóviles las elites gobernantes, el país tiene una estructura corporativa como en el virreinato, no ha mejorado la educación, ha empeorado de hecho, hay menos industrialización, hay menos paz y orden. ¡Que viva México hijos de la Chingada!

Como nuestra historia gira en torno a glorificar la Revolución y sus mitos, siempre se nos ha dicho que el México del Siglo XX, emanado de la Revolución, es el México moderno. ¿Es México un país moderno? En contraparte, se plantea el México pre revolucionario como un antiguo régimen que debía ser eliminado, y como símbolo visual de ese México antiguo y atrasado nos ofrecen la imagen de Díaz como dictador octogenario, nunca la imagen del Díaz héroe de batallas. Menos aún su verdadera historia y logro: ser el consolidador y modernizador de México.

Como la “dictadura” de 30 años fue sustituida por una “democracia” dictatorial sexenal, se nos dice también que el país cambió caudillos por Instituciones, pero cien años después vemos a pocos caudillos que aún hacen tambalear las instituciones. A principios del siglo XXI, México no está mejor que a principios del XX. ¿Será que la revolución fue un fracaso?, ¿o será que no existió?

De 1910 a 1928, hubo sólo una serie de matanzas por tomar el poder, sin cambiar el modelo porfirista; por eso era necesario darle sentido a la matanza. De ahí surge la idea de la Revolución. Como ésta fue ganada por puro aristócrata (Madero, Carranza, Obregón), hubo que dotarla de héroes populares como Villa y Zapata, aunque el primero fuera un salteador de caminos y el segundo un asesino despiadado, pero sirven para decir que fue una Revolución Social: esa es la construcción revolucionaria del Cardenismo, otra etapa sacrosanta e incuestionable que sumergió a México décadas en el pasado.

Cárdenas creó un sistema políticamente perfecto para dominar, controlar, someter y adoctrinar, pero un fracaso económico a largo plazo. Veamos de nuevo los frutos: un pueblo sin educación, una estructura de poder inamovible, un país corporativo de gremios, sindicatos que ponen en jaque al Estado, una economía estancada y un pueblo acostumbrado a recibir todo gratis, falsos mitos de soberanía basados en recursos naturales, un país alejado del proyecto modernizador, liberal y capitalista de Juárez, un pueblo anclado al pasado y con crisis de identidad, una historia basada en mitos.

Claro que se dotó al país de infraestructura, por ejemplo, de un sistema educativo. Al terminar el Porfiriato, el 75% de la población era analfabeta; a principios del siglo XXI el porcentaje es sólo de 7%; pero eso no quiere decir que haya educación. Veamos los frutos del sistema educativo: 60% de la población “educada” carece de habilidades matemáticas básicas, 46% no tiene competencias lectoras, 70% no tiene capacidad de abstracción y solución de problemas simples, la educación pública tiene como premisa pasar a los alumnos; las escuelas son en realidad guarderías, el mexicano promedio vive con 150 palabras toda su vida, los maestros quieren heredar sus puestos, sin importar su capacitación, y lo más grave de todo, es cierto que el 92% del pueblo sabe leer…, pero no leen, y además no comprenden lo leído. Eso es el México de la Revolución.

Ese festín de sangre, esa rapiña por el poder, que en teoría se hizo por igualdad y justicia social es, a todas luces según nuestra actual situación, un fracaso rotundo. Tenemos una democracia sin demócratas, una sociedad corporativa, un pueblo adolescente en busca de líderes paternalistas, los privilegios de clase no acabaron, sólo cambiaron de clase, porque hoy, el que no tiene un sindicato que lo represente, no puede obtener justicia. El país no es competitivo, se mantienen los grupos de privilegio, sea entre la clase más alta, o entre los trabajadores organizados, pero la clase media está desamparada. Hay discriminación y racismo, una sociedad clasista inamovible, rencor social, polarización de la riqueza y más violencia e injusticia que nunca. ¿Dónde está la Revolución?

La revolución está en los discursos, en los debates de candidatos, en los políticos que lucran con ella, que la usan y abusan de ella, los que la citan sin conocerla, está en los nombres de los partidos y en lo profundo de las ideologías, en el inconsciente colectivo de un pueblo que sigue pensando que la violencia es el camino. Todo esto nos indica, o bien que la revolución fracasó, fue un engaño, o que simplemente no existió y es un mito que mantuvo en el poder a los hampones que se asociaron en un partido que decía representarla.

Pero ya que inevitablemente habrá festejo, hasta doble puente querían los levantadedos del Congreso, ¿cómo festejar la revolución? Muy simple: superándola; sacándola de los discursos y partidos, evitándola como discurso ideológico, dejar de evocarla y querer repetirla en 2010, admitir que, de existir, fue un fracaso, aceptar que nos matamos 25 años por el poder, sin un proyecto de nación, y que eso no es una revolución.

Casi cien años después de iniciado el mitote revolucionario, hay 50 millones de pobres, que no comenzaron con el PAN, memoria histórica México: recuerda a Díaz Ordaz, a Echeverría, al Jolopo, a De la Madrid, al grupo Atlacomulco. Cien años después no hay justicia social.

Con todo a favor, México fue un fracaso durante el siglo XX, el fracaso de la revolución, una construcción ideológica hecha por el régimen, más específicamente por Cárdenas. Para no perder también el siglo XXI hay un solo camino: superar la revolución. México: no hay nada que festejar.


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