Archive for the 'Fortalecimiento de Incidencia' Category

Todo un éxito nuestro Evento Anual de Recaudación de Fondos 2011


Después de un proceso de reflexión profundo queremos agradecer a todos los asistentes a nuestro Evento Anual de Procuración de Fondos 2011. La participación de todos ustedes fue de suma importancia para que Alternativas continúe, un año más, con la labor que se inició desde la fundación de nuestra organización, la cual tiene como objetivo principal contribuir al desarrollo social mediante el fortalecimiento de las Organizaciones de la Sociedad Civil e Instituciones Donantes

Este año nuestro evento estuvo enmarcado por el Museo Memoria y Tolerancia, con quién tuvimos la oportunidad de trabajar en el pasado año. El Museo facilitó la atmósfera propicia para que nuestros invitados compartieran con nosotros los logros de este año en nuestras tres áreas de trabajo, así como para dar a conocer nuestro Programa de Apoyo Recurrente (PAR) y agradecer a los que ya son parte del mismo que, junto con nosotros, contribuyen a la creación de alternativas ciudadanas para el desarrollo social del país.

Durante el evento tuvimos la oportunidad de contar con la representación de la obra de teatro Acabar Eternamente, donada por los integrantes de la Compañía Búho Grande Teatro, a quienes agradecemos. Asimismo, se realizó la subasta de 5 obras de arte para, al final de la noche, pasar a la rifa de otras dos obras de arte y 4 boletos de teatro dobles facilitados por la misma compañía que brindó el entretenimiento de la noche.

A través de los donativos que se obtuvieron por las diversas actividades, Alternativas podrá continuar con su labor de fortalecimiento a la sociedad civil en México. Nuevamente agradecemos todo el apoyo brindado en este año y esperamos contar con su presencia el año entrante para un evento, donde además de presentar nuestro trabajo, nos damos la oportunidad de compartir con todos ustedes, amigos de Alternativas. 

¡Muchas gracias, seguiremos manteniéndolos informados de nuestro trabajo!

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La sociedad civil en la Frontera México-Estados Unidos


Mónica Tapia

Entre todas las malas, la buena noticia en México es la madurez que la sociedad civil comienza a mostrar”. Con esta frase Mario Campos, conductor de Antena Radio, abrió la primera presentación del Manual de Incidencia en Políticas Públicas en abril de 2010 en la Comisión de Derechos Humanos del D.F. Mario es también coordinador de noticias de IMER –lo más cercano en México que tenemos a National Public Radio (NPR), por lo que sabe de buenas y malas noticias. Esta frase resume muy bien esta travesía organizada por la Alianza Fronteriza para la Filantropía, que llamamos el Border Tour. Un increíble road trip: cuatro ciudades, cuatro días, miles de kilómetros y 7 cruces de la frontera entre México y Estados Unidos. Como todos las profundas transformaciones, la madurez de la sociedad civil no sale en las noticias ni en los discursos políticos sino que es silencioso, casi imperceptible para aquellos que no reconocen sus sutilezas ni su potencial.

Dia 1. Tijuana-San Diego, la frontera más transitada del planeta, no tiene más de 6 carriles y unas cuantas ventanillas abiertas más para los peatones. Claramente son insuficientes para la cantidad de personas que queríamos cruzar ese día y muchos días más en el año. Una hora y media pasamos esperando en fila en la línea. Fuimos afortunadas, dicen, pues la cola puede llegar a ser hasta de 4-6 horas.

Las calles y puentes de dos carriles en Tijuana, sus barrancas ocupadas por una urbanizada desordenada, sus calles de terracería y baches hacen un fuerte contraste con el freeway de San Diego de 6 carriles de concreto hidráulico de cada lado, los edificios del downtown skyline y la planeación de una ciudad expandida alrededor de varios freeways que parece nunca terminar.

Este contraste que me ha dejado durante muchos años perpleja. ¿Por qué el desarrollo no “chorrea” de un lado al otro de la frontera?, ¿por qué no pueden cruzar los coches rentados en Estados Unidos?, ¿por qué San Diego, claro reflejo de Estados Unidos, crece tan todopoderoso, sin ningún remordimiento por lo que sucede del otro lado de la frontera?

San Diego tiene recursos y calidad de vida, mientras Tijuana tiene todos los “desmadres” causados por la falta de instituciones efectivas y su localización como patio trasero de esa calidad de vida. Narcotráfico, crimen y violencia para proveer al mayor mercado de drogas;  deportados, crecimiento urbano desordenado, servicios insuficientes, coyotes para proveer la mano de obra barata que requiere este mercado; farmacias, tiendas de souvenirs y cantinas abandonadas por los turistas gringos que prefieren ahora ir a comer tacos a Old San Diego que sufrir una vez más aquellas filas fronterizas interminables, resultado de la política de “sellar” la frontera.

¿Cómo pudo crecer tanto San Diego y Tijuana quedar tan “desmadrada”? Recuerdo entonces una lectura sobre desarrollo regional y cómo la inversión del gobierno norteamericano en defensa –en este caso, en la marina—creó una inmensa riqueza y crecimiento de ciudades, que en este caso no tuvo un spill over al otro lado de la frontera.

El edificio de migración entre Tijuana-San Diego no es un cruce que lleva de un país a otro en un par de minutos. Para mí, es un túnel del tiempo, un transporte intergaláctico que lleva de una dimensión desconocida a otra.

En esa frontera, siempre he necesitado un par de minutos extras para recuperarme del shock cultural y  cambiarme el “chip” mental de pasar de México a Estados Unidos: visa, lengua, moneda, leyes, reglas sociales, señal de teléfono celular.

Para mí, ir a Estados Unidos implica subirse a un avión, donde el viaje de varias horas permite que uno se haga a la idea de ir “al otro lado”. La vida en la Frontera no es así. Se cruza la “línea” –una de las primeras palabras que todos aprenden—no en horas de acuerdo con mi mentalidad chilanga, sino en segundos. Quienes viven en esa frontera, por estas razones, me parecen extraordinarios. No sólo resisten este shock cultural, sino que viven adaptados a él. No sólo son bilingües, sino que tienen dos teléfonos celulares (uno para Estados Unidos y otro para México); cargan en su cartera dólares y pesos; manejan “a la mexicana” o “a la americana”, según la calle; saben qué pasa en un y otro lado.

Las organizaciones de la sociedad civil y la Alianza Fronteriza reflejan también ese biculturalismo: hablan y escriben todos sus documentos en español e inglés, tienen patronatos con miembros de ambos lados, trabajan con voluntarios, universidades, fundaciones y empresarios de los dos países.  Sus directores ejecutivos cuentan con visa SENTRI, lo cual equivale a pasar la frontera sin hacer cola y haber pasado la prueba del gobierno americano de ser “ciudadanos intachables”; viajan varias veces a la semana entre los dos países con idiosincrasia muy diferentes, como los traductores culturales simultáneos, como los constructores de puentes y entendimientos más efectivos que conozco.

Dia 2. Nogales. La frontera es territorio de la migra  o Border Patrol y los trailers con containers,  producto de nuestra intensa interacción. Cercano a dos ciudades grandes Tucson y Hermosillo, Nogales aún no ha terminado de convertirse de un cruce de carretera en una real ciudad. Tiene muchas señales de que está a punto, pero aún es un lugar de paso. Tiene aeropuerto, pero no tiene vuelos; tiene una Universidad del Valle de México que ha crecido muchísimo, pero sólo tiene aulas virtuales del Tec de Monterrey alojadas en otra universidad. Es probablemente uno de los pocos puntos fronterizos que no tiene locales, tiendas, casas, restaurantes, abandonados en estos tiempos de malas noticias; aquí más bien, hace falta mucha infraestructura urbana.

Salimos de Nogales por carretera, como todos, alrededor de las 8 de la noche y Ma. Laura manejó por cerca de tres horas hasta nuestro siguiente destino. En medio del camino, nos detuvimos en un rest area. Nuestra parada no duró más de 10 minutos pero sintiendo el intenso frío del desierto no pude dejar de pensar en ellos: los migrantes cruzando la noche.

Su travesía dura más de cuatro días, escondidos, temblando de ese frío, acompañados por sus hijos, sus sobrinos, sus nietos. Y recuerdo las cruces en el muro de Tijuana, en el muro de Nogales. Y lloro ahí, en ese terrible frío que me conecta a ellos, a esas sombras, a esos invisibles y a la injusticia de sus muertes.

Recuerdo también en medio de ese frío intenso la conmovedora historia que Alma en Nogales. Nos cuenta sobre el albergue de migrantes, al cual llevó a un donante –un empresario exitoso cuyo padre fue un migrante. Llegan a la hora que ellos han partido, escuchan las historias, huele terrible y deciden apoyar al albergue; donan para renovar los colchones, las cobijas y comprar una lavadora.

Alma visita el albergue unos meses después. Han renovado los colchones, han comprado la lavadora, pero no la han instalado. “La compramos, como nos pediste, pero el albergue no tiene agua y no podemos pedirle a la gente que se desvista. Quedarían desnudos, porque es lo único que tienen”, le dicen.

¿Y las cobijas?”. No traen más que lo puesto y deben cruzar el desierto en esas noches de intenso frío. Ante su pregunta de “¿puedo?”, el albergue contesta: “Por supuesto, llévese la cobija”. “Esa cobija en el desierto puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Es el refugio de las madres deportadas con sus hijos menores que viajan durante días para regresar a sus orígenes, a Chiapas, a Oaxaca, a Veracruz.” le explican a Alma. Su nombre lo dice todo, ella entiende y aprueba el presupuesto de cobijas del albergue.

En Nogales, como el resto de la Frontera, conozco a personas extraordinarias. El Consejo de ese albergue e Iniciativa Kino. Empresarios de la maquila en Nogales que escuchan con atención los consejos sobre invertir en centros de cuidado infantil de parte empresarios maquiladores en Ciudad Juárez; escuchan con atención porque quieren aprender de sus errores para no repetirlos. Las fundaciones locales (Titchi Muñoz, Healy y Esposos Rodríguez) que comienza a invertir en fortalecimiento de la sociedad civil local.

Bob de Fundación Comunitaria Santa Cruz, Arizona, nos cuenta una historia igual de extraordinaria. “En este estado, el contexto político está polarizado, en tiempos electorales han creado un ambiente anti-migrante, por lo que entre gobiernos el diálogo es difícil. Con Alma de la Fundación del Empresariado Sonorense, convocamos a empresarios mexicanos y norteamericanos de la región. En el diálogo quedó claro que su economía está íntimamente ligada a la agroexportación y al turismo, por lo que tienen que trabajar juntos. Una vez que comenzó el diálogo, las fundaciones contratamos una consultora que están terminando un plan regional binacional Nogales”. Como todo aquí, es una señal trascendente del papel que comienza a tomar la sociedad civil y las fundaciones locales.

Dia 3. El Paso-Juárez. Cruzamos la frontera más violenta del mundo. La ciudad, junto con todo el país, que pide a gritos –a gritos, porque no le han dejado otra opción— la paz, la justicia, las oportunidades, los bienes públicos más preciados que les han sido robados, secuestrados, matados.

La ciudad ya no tiene tráfico, la gente sale de su trabajo y va directamente a su casa, no quiere ir a otro lado. El gobierno, en cambio, está construyendo un centro de convenciones. ¿Un qué?”, pregunto; tal no entendí bien. “Un centro de convenciones; porque hay muchas convenciones esperando organizarse en esta ciudad”, me contesta el chofer en tono irónico. “Esperamos miles de visitantes”.

A diferencia de otros lugares en la frontera, las historias de Juárez no nos las tienen que contar los locales, han dado ya la vuelta al mundo y regresado. Las sabemos los visitantes de la Ciudad, somos pocos, pero por esas historias es que estamos ahí: por las mujeres y los jóvenes asesinados, los niños huérfanos, los gobiernos y las policías incapaces, los periodistas muertos y amenazados. Estamos ahí; necesitamos estar ahí: “Todos somos Juárez, pero ¿qué hacemos por Juárez?”

No venimos a ninguna convención, no nos paseamos por Juárez; vamos de una oficina a otra, y oímos las constantes llamadas de celular. “Si, estoy bien, sólo me retrasé un poco” “Es que ahora nos llamamos varias veces al día, para saber que estamos bien, que no nos ha pasado nada”, explican. Las historias que nos cuentan los locales, en cambio, son de lo que están haciendo, de los que están llegando.

Entre las organizaciones y los empresarios locales se siente una energía social; pasaron ya los momentos de reconocer con angustia la realidad, de los secuestros, los rescates, los tiroteos, las granadas, de reclamarse mutuamente y al gobierno, de echar la culpa y pedir explicaciones a otros.

Después de tocar fondo, la sociedad civil está lista para actuar y cambiar. Están tomando riesgos con ideas innovadoras, nuevos recursos y condiciones extraordinarias. Las escuelas de horario extendido, los planes estratégicos urbanos, los monitoreos y nuevos reglamentos, las políticas de infancia, los partidos de futbol entre jóvenes pandilleros, las marchas por la paz y la indignación. “Tenemos que aprovechar que muchos quieren ayudar, tenemos que volver esta crisis una oportunidad”. Esto requerirá persistencia, no se verán cambios en el corto plazo. Se requiere montón de conversaciones, mucho conocimiento local, otro tanto de articulación entre externos y locales. De lo contrario, la tentación de construir centros de convenciones es grande y grandilocuente.

Dia 4. Brownsville-Matamoros. Al pasar por Austin para hacer la conexión a la última ciudad fronteriza que visitaré, regreso emocionalmente a San Diego, a miles de kilómetros a la distancia de lo que acabo de vivir. Ahí todo es sospechosamente bonito, amable, ordenado, decorado, artificial, hipócrita. Me pregunto si sospechan, ignoran o le dan la espalda a las tragedias del otro lado, a su dump yard.

Al llegar a Brownsville, me tranquiliza cuando Andy me cuenta del interés de muchos grupos ciudadanos en Estados Unidos por colaborar. Seguramente tienen el mismo síndrome que nosotros de “Todos somos Juárez, pero ¿qué hacemos?”

El cruce es desolador; único lugar donde las tiendas alrededor de “la línea” están abandonadas, con sus letreros de “Se renta” decolorados y caídos. Mientras conocemos las historias de Juárez, aquí sólo sabemos de los tiroteos, la punta del iceberg.

Miroslava no enseña las casas abandonadas; me recuerda a Tampico o la colonia del Valle, en Monterrey, pero con casas abandonadas, los jardines descuidados, los vidrios rotos y sin letreros si quiera de “Se vende”. El secuestro es la industria más productiva de la región, nos dicen. “La gente un día decidió que su vida y su seguridad eran más importantes que su patrimonio; y se fueron al otro lado. No han vuelto ni por su ropa; a veces, alguien que cruza se las va llevando”.

Matamoros es una ciudad grande, planeada, con sus parques y plazas, sus fraccionamientos ysu frontera bonita junto al río. Nos enseñan también la PGR, donde se recogen las camionetas balaceadas, el consulado americano con su nueva muralla de concreto contra granadas. Nos cuenta de emboscada en la que fue asesinado el candidato a gobernador. La tristeza de que “si a él le toca, imagínate a nosotros. Aún más indefensos”.

Esa tristeza se siente cuando llegan las personas a la reunión. Es como un velorio. Se saluda la gente, se siente contenta por verse, pero triste y temerosa a la vez de salir, de reunirse.

Nos mueve a todos la historia de Esfera Ciudadana, y cómo Leopoldo, un notario y un grupo de ciudadanos más un día decidieron invertir en capital social , en Nuevo Laredo. “Estamos convencidos de que el capital social es un activo de las comunidades y que debe incrementarse permanentemente”, dice. Ayudar a las personas a organizarse, a hacer los trámites para constituirse, tener CLUNI y volverse donataria. Crear la Ley de Fomento a las OSCs del estado, el reglamento, el fondo municipal de coinversión.

Suena poco heroico, aún más en este contexto, pero cuando cito a Octavio Paz: “Enderezar al país no es obra de un hombre o un grupo, sino de una generación” todos entendemos por qué tiene sentido el fortalecer la sociedad civil. Leopoldo relata una historia parecida a la de Bob en Nogales: un plan binacional Laredo 2030, con convocatoria ciudadana y acuerdos binacionales entre empresarios y OSCs. Al poco tiempo, todos nos sentimos motivados, con ganas de salir a trabajar, hay tanto que hacer con estas personas extraordinarias.

En cada uno de los lugares, todos recuerdan cómo era la frontera hace unos años. La playa de Tijuana y San Diego era compartida, sólo había una cadenita que las personas cruzaban cuando se les iba a frisbee. En Nogales, el alambrado estaba roto y los migrantes pasaban mientras la migra los saludaba. En Juárez, cruzaban el río en llanta; primero el papá y luego jalaba al resto de la familia desde la orilla. En Matamoros, corrían por el parque lineal del río y pasaban al otro lado a tomar un café.

Y de cierta forma, todas esas personas extraordinarias que viven en la Frontera –las Josefinas, Toñés, Marcelas, Almas, Marco Antonios, Eduardos, Bobs, Karens, Katyas, Pablos, Miroslavas, Ana Marías, Leopoldos, Marthas, Andys y Ma. Lauras– siguen cruzando y construyendo ese imaginario colectivo, que la frontera México-Estados Unidos es una misma región compartida y no separada por dos países, dos gobiernos.

Sería fácil que todos ellos se fueran a vivir “del otro lado”, motivos no les faltan. Pero, aquí están, comprometidos, trabajando desde la sociedad civil por sus comunidades.

Me gusta mucho cuando oigo a Alma decir “Hemos sido una de las mejores inversiones de la Fundación Inter-Americana. En estos últimos 7 años, estudié en Santa Cruz, CUNY y Columbia; aprendí a recaudar y otorgar donativos, aprendí también a conocer bien y a oler los proyectos. Las organizaciones que ahora apoyamos están creciendo; los centros comunitarios, las escuelas para padres, las pláticas para adolescentes y madres solteras, los voluntarios de las universidades, los empresarios comprometidos”.

Fortalecer a la sociedad civil es sin duda una buena inversión, una inversión de mediano y largo plazo. Una forma de enderezar a México, una buena noticia entre las muchas malas. La sociedad civil en esta región está madurando, un cambio silencioso ahora que apenas se percibe pero que indudablemente tendrán un gran poder transformador para la región.

Retos y horizontes para la incidencia en políticas públicas


Por Mónica Tapia Álvarez

En el Primer encuentro nacional sobre prácticas de monitoreo y contraloría ciudadana: metodologías y perspectivas, organizado por IFAI, Centro de Contraloría Social y Estudios de la Construcción Democrática-CIESAS, PNUD e INDESOL, el pasado 3 de junio 2010, me pidieron comentar sobre estas preguntas Dentro del amplio abanico de sectores y temas en los que el Estado realiza sus funciones, ¿qué capacidades institucionales deben desarrollarse al interior de las organizaciones civiles para favorecer procesos de monitoreo e incidencia con resultados sólidos?, ¿cuáles son aquellos en los que los grupos ciudadanos tendrían un mayor potencial de incidencia?,  ¿de qué manera puede medirse el grado de incidencia de las actividades de monitoreo y control ciudadanos en las políticas públicas?

En Alternativas, sostenemos que las organizaciones deben de prepararse y fortalecerse para incidir porque:

1) Requieren mayor profesionalización; 2) Tienen mayor visibilidad, cuando hacen incidencia; 3) Tienen mayor necesidad de ser transparentes y rendir cuentas a su Consejo y a la sociedad; 4) Tienen mayores oportunidades de financiamiento, pero también más competencia por los escasos recursos.

Las organizaciones necesitan tanto recursos como capacidades institucionales para incidir (para una descripción más completa, véase Manual de Incidencia en Políticas Públicas, de Alternativas y Capacidades). Entre estas capacidades está el conocimiento técnico-especializado del problema o política pública en la que se quiere incidir y el conocimiento de gestión pública y política sobre cómo incidir por los medios institucionales. Esto quiere decir que la organización debe saber cómo funciona el gobierno, qué dice la ley, cuál es el diseño y los procesos de implementación y evaluación de la política pública, el organigrama de los funcionarios responsables de esta política, así como asuntos cotidianos sobre cómo se redacta un oficio, a quién se entrega, qué esperar en términos de su respuesta, entre otros.

Entre los recursos escasos están el tiempo y los recursos humanos, pues las organizaciones necesitan un perfil de colaboradores que no sólo sepa y entienda de políticas públicas, sino que también tenga vocación por el cambio social y transformar las políticas públicas, articulando diversas visiones y actores. Si la organización va a incidir con base en evidencia, además se requiere un colaborador con muy buenas habilidades de investigación, así como capacidades de comunicación y argumentación escrita y oral muy sólidas, para presentar sus resultados y persuadir a diversos actores (medios de comunicación, legisladores, funcionarios, ciudadanos, entre otros). Las habilidades/conocimientos técnicos y de gestión que se requieren en un colaborador muchas veces se encuentran entre quienes han combinado en sus carreras profesionales el trabajo en gobierno y en OSCs. Esta combinación era menos frecuente hace algunas décadas cuando las personas no se movían entre sectores, y quienes lo hacían se percibían con desconfianza y desprecio frecuentemente. Ahora, esta movilidad es más común y se ha convertido en un espacio muy fértil para el reclutamiento de perfiles especializados en incidencia.

La estrategia de hacer incidencia por medio de la investigación y cabildeo (o basada en evidencia) es la más utilizada para los procesos de monitoreo y contraloría ciudadana, pues se trata de generar o solicitar, sistematizar y analizar información sobre una política o un programa público. Sin embargo, por la propia experiencia de Alternativas y Capacidades en esta estrategia de incidencia al capacitar y fortalecer a un sinnúmero de organizaciones en todo el país, hemos visto que llevar a cabo estas estrategias es difícil –por la perfil especializado de los colaboradores, la cantidad de recursos y tiempo que requieren— y está fuera del alcance de un número importante de organizaciones en distintos contextos. También vemos que hay un déficit en trabajar con ciudadanos, en hacer incidencia con y por ellos; las organizaciones necesitamos crear capacidades para movilizar ciudadanos e incidir con ellos en políticas públicas.

Una buena parte de las organizaciones que capacitamos y con quienes trabajamos fuera del D.F. no cuentan con la capacidad de investigación, trabajo con medios y cabildeo. ¿Qué les decimos?, ¿que mejor no hagan incidencia? Vemos que estas organizaciones tienen el potencial para vincularse, educar e involucrar a ciudadanos, dado sus proyectos en desarrollo comunitario, educación, salud o asistencia social. Requieren fortalecimiento en adquirir una visión de lo público y capacitación básica en políticas públicas, pero pueden hacer incidencia con estrategias diferentes que las basadas en evidencia, y en monitoreo y contraloría social.

En Alternativas creemos que el fortalecimiento se puede ofrecer en diversas modalidades. Los talleres y la capacitación son uno de estas modalidades, pero no la única. Los materiales y documentos de trabajo, así como las sistematizaciones de experiencias y buenas prácticas de incidencia en México, en diversos temas y por distintos tipos de organizaciones, ayudan como guía y orientación a muchas de estas organizaciones. También aprender a incidir se hace en la práctica, por lo que para nosotros ha sido importante involucrarnos en un acompañamiento para una red de organizaciones que desean incidir en políticas educativas.

También sostenemos que no debemos limitarnos a que sólo las organizaciones profesionales, con financiamiento estable, son los principales actores de la incidencia, sino también contemplar a otros grupos ciudadanos que tienen un alto potencial para hacer incidencia. Son los consumidores sobre políticas de regulación económica y monopolios, los pacientes sobre políticas y servicios de salud y abasto de medicamentos, y los vecinos/colonos sobre políticas locales de ordenación del territorio (urbano-ambientales) y de seguridad pública. Igual que las organizaciones con un perfil más comunitario, requieren de fortalecimiento en adquirir una visión de lo público, una capacitación básica en los temas de sus políticas respectivas y probablemente un ambiente más propicio para el asociativismo o los grupos organizados basados principalmente en voluntarios. Para este ambiente propicio será fundamental ofrecer información básica y materiales sobre cómo formalizar su organización, así como consultores. Obviamente, las mejoras regulatorias que beneficien al sector de OSCs, en particular en la simplificación de costos y trámites de constitución legal y obligaciones fiscales y de rendición de cuentas, serán también fundamentales para fortalecer a este grupo de ciudadanos.

La procuración de fondos para la incidencia es también un tema clave para fortalecer a las organizaciones y grupos ciudadanos. Los recursos financieros que financian estos proyectos y prácticas son escasas en el país. Los donantes corporativos ven con recelo y temor aportar recursos para causas ciudadanas de incidencia pública; el financiamiento gubernamental es escaso y difícil de obtener si se quiere asegurar una autonomía e imparcialidad sobre los resultados de la incidencia; el internacional está concentrado en pocas organizaciones y no se deberíamos esperar que aumentara o se dispersara. Por ello, pensamos que la procuración de fondos debe ir dirigida a que los propios ciudadanos aporten en grandes cantidades y con base en montos pequeños, siendo parte de la movilización ciudadana y militantes de la causa de la incidencia. Para este propósito, los activistas sociales y profesionales en incidencia deberán cultivar sus habilidades de procuración de fondos y de sumar ciudadanos que contribuyan de manera económica a la incidencia.

¿Cómo medir los resultados de la incidencia? Si la evaluación y la medición de los impactos sociales son complejos, los de la incidencia son aún más. En Alternativas, defendemos mucho la idea de que la incidencia será más efectiva si se planea, pero reconocemos también que esta planeación deberá ser muy flexible y adaptativa, pues para hacer una buena incidencia habría que responder a coyunturas, a diálogo con los actores, a sucesos inesperados, a respuestas  y procesos difíciles de predecir. De ahí que la planeación, junto con el monitoreo y evaluación de los resultados, deberá hacerse adaptándose a estos procesos. Sin embargo, esto nos regresa a que es fundamental tener una planeación y muy claros los objetivos de incidencia, así como monitorear y evaluar qué tan lejos o cerca se está de alcanzarlos. Al final, hay que ver la incidencia como las propias políticas públicas, como una aproximación de mayores alcances con base en ensayos-error. La evaluación que recomendamos entonces es la escribir los aprendizajes obtenidos a raíz de la práctica y, sobre todo, la incorporación de esos aprendizajes en los siguientes planes de incidencia. La evaluación no debe verse en abstracto como un ejercicio puro y racional sino como un proceso para incorporar aprendizaje a la práctica institucional.

Finalmente, quisiera decir algunas palabras sobre los funcionarios, los legisladores y el “ambiente propicio” de lado de la administración pública para hacer la incidencia un proceso fructífero de colaboración. Se requiere una buena combinación de liderazgo y visión de cambio social entre los funcionarios públicos, así como sostener e incorporar en cambios institucionales, de reglas y procedimientos esta visión. La alta rotación que vemos entre los funcionarios que ocupan distintos puestos nos debe advertir de la importancia de dar continuidad a ciertas políticas, y las organizaciones podemos convertirnos en un ancla que permita garantizar esta continuidad, o por lo menos dificultar la improvisación y los errores de las curvas de aprendizaje.

Sin embargo, requerimos las organizaciones que se nos perciba como interlocutores legítimos en este diálogo con funcionarios. No queremos sus cargos ni otros cargos públicos, no traemos una agenda política atrás, no estamos ahí movidos por intereses ocultos o el partido opositor que quiere golpearlos, no trabajamos ni recibimos fondos por evadir impuestos.

Las organizaciones queremos hacer incidencia porque nos interesa mejorar las políticas públicas, el gobierno y la democracia de nuestro país. Necesitamos ser visibles y estar en el vocabulario de funcionarios y ciudadanos; requerimos repetir este mensaje una y otra vez, a quienes sea necesario; a nosotros mismos a veces, a otras organizaciones y aliados, a los funcionarios y legisladores, a los gobernantes.


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