El gran mito de la revolución: que existió


99 años festejando una mentira

Por:  Juan Miguel Zunzunégui

Tanto le gusta la fiesta al mexicano que festeja hasta las tragedias. Ejemplo de eso es festejar cada año la Revolución, y además organizar un magno festejo para su cumpleaños número 100. A cien años de iniciada esa masacre a la que los historiadores de quincena llaman Revolución, México no necesita festejar, no tiene nada que festejar. Lo que hace falta a 99 o 100 años es una gran reflexión.

Nos acercamos al mentado centenario y la Revolución es una religión en México, y como todo lo sagrado, no se analiza, ni se cuestiona, ni se critica. Pero dice también la religión “por sus frutos los conoceréis”; así es que veamos los frutos de esa mal llamada primer revolución social del siglo XX…, porque hasta eso celebramos, fuimos el primer pueblo del siglo XX en romperse la madre unos contra otros. Sí Señor.

Pero a 100 años: México no es un país moderno, no funciona la democracia, no hay justicia social, el caudillo se impone a las Instituciones, el pueblo sigue anclado al paternalismo, continúan inmóviles las elites gobernantes, el país tiene una estructura corporativa como en el virreinato, no ha mejorado la educación, ha empeorado de hecho, hay menos industrialización, hay menos paz y orden. ¡Que viva México hijos de la Chingada!

Como nuestra historia gira en torno a glorificar la Revolución y sus mitos, siempre se nos ha dicho que el México del Siglo XX, emanado de la Revolución, es el México moderno. ¿Es México un país moderno? En contraparte, se plantea el México pre revolucionario como un antiguo régimen que debía ser eliminado, y como símbolo visual de ese México antiguo y atrasado nos ofrecen la imagen de Díaz como dictador octogenario, nunca la imagen del Díaz héroe de batallas. Menos aún su verdadera historia y logro: ser el consolidador y modernizador de México.

Como la “dictadura” de 30 años fue sustituida por una “democracia” dictatorial sexenal, se nos dice también que el país cambió caudillos por Instituciones, pero cien años después vemos a pocos caudillos que aún hacen tambalear las instituciones. A principios del siglo XXI, México no está mejor que a principios del XX. ¿Será que la revolución fue un fracaso?, ¿o será que no existió?

De 1910 a 1928, hubo sólo una serie de matanzas por tomar el poder, sin cambiar el modelo porfirista; por eso era necesario darle sentido a la matanza. De ahí surge la idea de la Revolución. Como ésta fue ganada por puro aristócrata (Madero, Carranza, Obregón), hubo que dotarla de héroes populares como Villa y Zapata, aunque el primero fuera un salteador de caminos y el segundo un asesino despiadado, pero sirven para decir que fue una Revolución Social: esa es la construcción revolucionaria del Cardenismo, otra etapa sacrosanta e incuestionable que sumergió a México décadas en el pasado.

Cárdenas creó un sistema políticamente perfecto para dominar, controlar, someter y adoctrinar, pero un fracaso económico a largo plazo. Veamos de nuevo los frutos: un pueblo sin educación, una estructura de poder inamovible, un país corporativo de gremios, sindicatos que ponen en jaque al Estado, una economía estancada y un pueblo acostumbrado a recibir todo gratis, falsos mitos de soberanía basados en recursos naturales, un país alejado del proyecto modernizador, liberal y capitalista de Juárez, un pueblo anclado al pasado y con crisis de identidad, una historia basada en mitos.

Claro que se dotó al país de infraestructura, por ejemplo, de un sistema educativo. Al terminar el Porfiriato, el 75% de la población era analfabeta; a principios del siglo XXI el porcentaje es sólo de 7%; pero eso no quiere decir que haya educación. Veamos los frutos del sistema educativo: 60% de la población “educada” carece de habilidades matemáticas básicas, 46% no tiene competencias lectoras, 70% no tiene capacidad de abstracción y solución de problemas simples, la educación pública tiene como premisa pasar a los alumnos; las escuelas son en realidad guarderías, el mexicano promedio vive con 150 palabras toda su vida, los maestros quieren heredar sus puestos, sin importar su capacitación, y lo más grave de todo, es cierto que el 92% del pueblo sabe leer…, pero no leen, y además no comprenden lo leído. Eso es el México de la Revolución.

Ese festín de sangre, esa rapiña por el poder, que en teoría se hizo por igualdad y justicia social es, a todas luces según nuestra actual situación, un fracaso rotundo. Tenemos una democracia sin demócratas, una sociedad corporativa, un pueblo adolescente en busca de líderes paternalistas, los privilegios de clase no acabaron, sólo cambiaron de clase, porque hoy, el que no tiene un sindicato que lo represente, no puede obtener justicia. El país no es competitivo, se mantienen los grupos de privilegio, sea entre la clase más alta, o entre los trabajadores organizados, pero la clase media está desamparada. Hay discriminación y racismo, una sociedad clasista inamovible, rencor social, polarización de la riqueza y más violencia e injusticia que nunca. ¿Dónde está la Revolución?

La revolución está en los discursos, en los debates de candidatos, en los políticos que lucran con ella, que la usan y abusan de ella, los que la citan sin conocerla, está en los nombres de los partidos y en lo profundo de las ideologías, en el inconsciente colectivo de un pueblo que sigue pensando que la violencia es el camino. Todo esto nos indica, o bien que la revolución fracasó, fue un engaño, o que simplemente no existió y es un mito que mantuvo en el poder a los hampones que se asociaron en un partido que decía representarla.

Pero ya que inevitablemente habrá festejo, hasta doble puente querían los levantadedos del Congreso, ¿cómo festejar la revolución? Muy simple: superándola; sacándola de los discursos y partidos, evitándola como discurso ideológico, dejar de evocarla y querer repetirla en 2010, admitir que, de existir, fue un fracaso, aceptar que nos matamos 25 años por el poder, sin un proyecto de nación, y que eso no es una revolución.

Casi cien años después de iniciado el mitote revolucionario, hay 50 millones de pobres, que no comenzaron con el PAN, memoria histórica México: recuerda a Díaz Ordaz, a Echeverría, al Jolopo, a De la Madrid, al grupo Atlacomulco. Cien años después no hay justicia social.

Con todo a favor, México fue un fracaso durante el siglo XX, el fracaso de la revolución, una construcción ideológica hecha por el régimen, más específicamente por Cárdenas. Para no perder también el siglo XXI hay un solo camino: superar la revolución. México: no hay nada que festejar.

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