Archivos para 30 junio 2010

Una defensa necesaria de la sociedad civil organizada

Compartimos un artículo de Lydia Cacho publicado el 28 de junio en El Universal

Mensaje a Gómez Mont

Sentada en una mesa de diálogo entre el más reconocido juez experto en trata de personas y el jefe de la policía anticrimen organizado, ambos españoles, entendí los mecanismos que impiden que en México la sociedad perciba los avances para erradicar la violencia.

En España se discutía qué herramientas utilizar para eliminar la esclavitud de casi dos millones de seres humanos (sexual, laboral, por matrimonios serviles, etc.) además de los dos personajes que he mencionado, estaban representantes de las organizaciones civiles de mujeres que desde hace veinte años rescatan y defienden a las víctimas de trata en este país ibérico. Estaba representado el Ministerio de Igualdad y el Ministerio del Interior (el Segob español). Cuando el jefe de la policía y el Juez aseguraron que para ellos resulta imprescindible el apoyo y enseñanza de las organizaciones civiles quedé estupefacta.

La líder de la red de refugios española hizo una crítica, evidenció las debilidades del sistema, pero reconoció los aciertos. Nadie se indignó ni hubo manotazos.

Al día siguiente, en México, Gómez Mont descalificó y tachó de ingenuos, ignorantes y “cómplices involuntarios” de los delincuentes a quienes defienden los derechos humanos de las víctimas. Un día él y el presidente exigen ayuda de la sociedad, al siguiente la desprecian y descalifican.

Entendí claramente que el gabinete presidencial en México ha pasado demasiado tiempo (algunos toda su vida) abrigado por las élites; que han sido incapaces de caminar descalzos, de comprender que todos los días millones de mujeres y hombres de México se levantan con una misión: rescatar, educar, entrenar, proteger, salvaguardar, defender, sanar e informar a mujeres, hombre niños y niñas indígenas y mestizas, de pueblos y ciudades.

El último informe de la ONU sobre la situación de las y los defensores de derechos humanos en México da cuenta no sólo de la vulnerabilidad en la que se encuentran quienes hacen el esfuerzo cada día por erradicar las desigualdades y defender la dignidad humana, también documenta esa violencia estructural que el Estado ejerce para descalificar, debilitar y vulnerar a la sociedad civil comprometida, que queda entre fuegos cruzados por colaborar con una autoridad que quiere súbditos y no cree ni en la igualdad ni en la libertad ideológica. Que quiere cómplices y delatores, no una ciudadanía fuerte y exigente.

Todo parece indicar que México está dividido entre quienes sí entienden que el país se sostiene porque millones de personas han tejido redes sociales grandes y pequeñas para sembrar la tolerancia, la paz la cultura y la diversidad, y quienes en sus espacios de privilegio, aislamiento o autoreferencia creen que nada está sucediendo porque no lo ven directamente.

Lo cierto es que las organizaciones civiles se sientan con los representantes del gobierno mexicano para demostrar que son actoras activas de la transformación; por desgracia casi siempre terminan siendo descalificadas, utilizadas para la foto, amenazadas o silenciadas. Pero una cosa queda clara: nadie las detiene. Algún día en la mesa se sentarán como iguales, mientras tanto habrá que seguir evidenciando cuantas vidas se salvan y transforman cada día gracias a las y los defensores de derechos humanos que eligen vivir éticamente entre el compromiso y el riesgo. A pesar de Gómez Mont.

Un nuevo concepto de comunidad: las Fundaciones Comunitarias como promotoras del cambio local

Sofía Deveaux y Claudia Natera

Las Fundaciones Comunitarias (FCs) están promoviendo una interesante transición en el tema de desarrollo social ya que apoyan la idea de que, tras la falta de resultados del modelo paternalista, la comunidad es la que debe actuar como la principal generadora de cambio en la creación de desarrollo sustentable.

La particularidad de las FCs radica en que no sólo actúan a nivel local y enfocando sus apoyos en una región determinada sino que también buscan que los apoyos provengan de ese mismo territorio y no del exterior. Son organizaciones que fomentan la filantropía local, fortalecen a organizaciones de la sociedad civil y a ciudadanos que comparten un espacio geográfico y sus problemáticas, al mismo tiempo que incentivan al empresariado y a la academia locales a comprometerse con el desarrollo social de su entorno más cercano. En ese sentido, las Fundaciones Comunitarias, son puentes muy importantes entre los sectores social, público y privado en proyectos que buscan el desarrollo regional.

El Fondo Global para Fundaciones Comunitarias (Global Fund for Community Foundations) publicó recientemente un reporte sobre la situación actual de las FCs a nivel mundial (“More than the Poor Cousin? The Emergence of Community Foundations as a New Development Paradigm”, Jenny Hodgson y Barry Knight, Irlanda del Norte: 2010) en el que llega a la conclusión de que las FCs están ayudando a transformar el concepto de desarrollo en el que la comunidad emerge como el actor principal para lograr el desarrollo local, y como el actor que genera y que no sólo recibe. 

Sin embargo, debido a que la creación de estas organizaciones es todavía muy reciente (la mayoría de las 1500 que existen en el mundo fueron formadas después del año 2000), las dificultades que afrontan en su etapa de formación y consolidación institucional son variadas:

  • La falta de participación de donantes locales (la mayoría de sus fondos sigue siendo de origen internacional)
  • El desconocimiento que la sociedad tiene sobre la figura de Fundación Comunitaria
  • La percepción de que las causas que se quieren apoyar son responsabilidad del Estado
  • Las poblaciones están acostumbradas a recibir la ayuda de fuentes exteriores (Gobiernos o Financiamientos Internacionales)
  • La desconfianza en las organizaciones filantrópicas locales.

Por ello, los donantes optan por dar recursos a las organizaciones de manera directa en lugar de canalizarlo a través de un intermediario (FC), percibido como costoso e innecesario. Pero la investigación pone en evidencia que esta canalización tiene mucho sentido. Las FC hacen que los fondos lleguen a los más necesitados, promueven iniciativas y liderazgo locales, motivan a la gente a participar activamente, construyen relaciones entre sectores de un mismo territorio, y visibilizan a OSC y grupos comunitarios ante empresas.

 La buena noticia es que las  FCs siguen teniendo un crecimiento estable en el mundo, ya que cerca de 70 FCs son creadas anualmente, representando un crecimiento de más del doble en un una década. En México hay más de 20 y es el país latinoamericano que más FCs concentra. Lo más importante  para el crecimiento de estas organizaciones es la confianza. Es decir, creer que como ciudadanos activos y donantes locales valiosos (de dinero, tiempo, conocimiento o bienes) somos los ingredientes indispensables para que este nuevo paradigma de desarrollo funcione. En palabras de una organización, “no se puede ser una fundación comunitaria si la comunidad no se involucra contigo”.

Referencias:

Retos y horizontes para la incidencia en políticas públicas

Por Mónica Tapia Álvarez

En el Primer encuentro nacional sobre prácticas de monitoreo y contraloría ciudadana: metodologías y perspectivas, organizado por IFAI, Centro de Contraloría Social y Estudios de la Construcción Democrática-CIESAS, PNUD e INDESOL, el pasado 3 de junio 2010, me pidieron comentar sobre estas preguntas Dentro del amplio abanico de sectores y temas en los que el Estado realiza sus funciones, ¿qué capacidades institucionales deben desarrollarse al interior de las organizaciones civiles para favorecer procesos de monitoreo e incidencia con resultados sólidos?, ¿cuáles son aquellos en los que los grupos ciudadanos tendrían un mayor potencial de incidencia?,  ¿de qué manera puede medirse el grado de incidencia de las actividades de monitoreo y control ciudadanos en las políticas públicas?

En Alternativas, sostenemos que las organizaciones deben de prepararse y fortalecerse para incidir porque:

1) Requieren mayor profesionalización; 2) Tienen mayor visibilidad, cuando hacen incidencia; 3) Tienen mayor necesidad de ser transparentes y rendir cuentas a su Consejo y a la sociedad; 4) Tienen mayores oportunidades de financiamiento, pero también más competencia por los escasos recursos.

Las organizaciones necesitan tanto recursos como capacidades institucionales para incidir (para una descripción más completa, véase Manual de Incidencia en Políticas Públicas, de Alternativas y Capacidades). Entre estas capacidades está el conocimiento técnico-especializado del problema o política pública en la que se quiere incidir y el conocimiento de gestión pública y política sobre cómo incidir por los medios institucionales. Esto quiere decir que la organización debe saber cómo funciona el gobierno, qué dice la ley, cuál es el diseño y los procesos de implementación y evaluación de la política pública, el organigrama de los funcionarios responsables de esta política, así como asuntos cotidianos sobre cómo se redacta un oficio, a quién se entrega, qué esperar en términos de su respuesta, entre otros.

Entre los recursos escasos están el tiempo y los recursos humanos, pues las organizaciones necesitan un perfil de colaboradores que no sólo sepa y entienda de políticas públicas, sino que también tenga vocación por el cambio social y transformar las políticas públicas, articulando diversas visiones y actores. Si la organización va a incidir con base en evidencia, además se requiere un colaborador con muy buenas habilidades de investigación, así como capacidades de comunicación y argumentación escrita y oral muy sólidas, para presentar sus resultados y persuadir a diversos actores (medios de comunicación, legisladores, funcionarios, ciudadanos, entre otros). Las habilidades/conocimientos técnicos y de gestión que se requieren en un colaborador muchas veces se encuentran entre quienes han combinado en sus carreras profesionales el trabajo en gobierno y en OSCs. Esta combinación era menos frecuente hace algunas décadas cuando las personas no se movían entre sectores, y quienes lo hacían se percibían con desconfianza y desprecio frecuentemente. Ahora, esta movilidad es más común y se ha convertido en un espacio muy fértil para el reclutamiento de perfiles especializados en incidencia.

La estrategia de hacer incidencia por medio de la investigación y cabildeo (o basada en evidencia) es la más utilizada para los procesos de monitoreo y contraloría ciudadana, pues se trata de generar o solicitar, sistematizar y analizar información sobre una política o un programa público. Sin embargo, por la propia experiencia de Alternativas y Capacidades en esta estrategia de incidencia al capacitar y fortalecer a un sinnúmero de organizaciones en todo el país, hemos visto que llevar a cabo estas estrategias es difícil –por la perfil especializado de los colaboradores, la cantidad de recursos y tiempo que requieren— y está fuera del alcance de un número importante de organizaciones en distintos contextos. También vemos que hay un déficit en trabajar con ciudadanos, en hacer incidencia con y por ellos; las organizaciones necesitamos crear capacidades para movilizar ciudadanos e incidir con ellos en políticas públicas.

Una buena parte de las organizaciones que capacitamos y con quienes trabajamos fuera del D.F. no cuentan con la capacidad de investigación, trabajo con medios y cabildeo. ¿Qué les decimos?, ¿que mejor no hagan incidencia? Vemos que estas organizaciones tienen el potencial para vincularse, educar e involucrar a ciudadanos, dado sus proyectos en desarrollo comunitario, educación, salud o asistencia social. Requieren fortalecimiento en adquirir una visión de lo público y capacitación básica en políticas públicas, pero pueden hacer incidencia con estrategias diferentes que las basadas en evidencia, y en monitoreo y contraloría social.

En Alternativas creemos que el fortalecimiento se puede ofrecer en diversas modalidades. Los talleres y la capacitación son uno de estas modalidades, pero no la única. Los materiales y documentos de trabajo, así como las sistematizaciones de experiencias y buenas prácticas de incidencia en México, en diversos temas y por distintos tipos de organizaciones, ayudan como guía y orientación a muchas de estas organizaciones. También aprender a incidir se hace en la práctica, por lo que para nosotros ha sido importante involucrarnos en un acompañamiento para una red de organizaciones que desean incidir en políticas educativas.

También sostenemos que no debemos limitarnos a que sólo las organizaciones profesionales, con financiamiento estable, son los principales actores de la incidencia, sino también contemplar a otros grupos ciudadanos que tienen un alto potencial para hacer incidencia. Son los consumidores sobre políticas de regulación económica y monopolios, los pacientes sobre políticas y servicios de salud y abasto de medicamentos, y los vecinos/colonos sobre políticas locales de ordenación del territorio (urbano-ambientales) y de seguridad pública. Igual que las organizaciones con un perfil más comunitario, requieren de fortalecimiento en adquirir una visión de lo público, una capacitación básica en los temas de sus políticas respectivas y probablemente un ambiente más propicio para el asociativismo o los grupos organizados basados principalmente en voluntarios. Para este ambiente propicio será fundamental ofrecer información básica y materiales sobre cómo formalizar su organización, así como consultores. Obviamente, las mejoras regulatorias que beneficien al sector de OSCs, en particular en la simplificación de costos y trámites de constitución legal y obligaciones fiscales y de rendición de cuentas, serán también fundamentales para fortalecer a este grupo de ciudadanos.

La procuración de fondos para la incidencia es también un tema clave para fortalecer a las organizaciones y grupos ciudadanos. Los recursos financieros que financian estos proyectos y prácticas son escasas en el país. Los donantes corporativos ven con recelo y temor aportar recursos para causas ciudadanas de incidencia pública; el financiamiento gubernamental es escaso y difícil de obtener si se quiere asegurar una autonomía e imparcialidad sobre los resultados de la incidencia; el internacional está concentrado en pocas organizaciones y no se deberíamos esperar que aumentara o se dispersara. Por ello, pensamos que la procuración de fondos debe ir dirigida a que los propios ciudadanos aporten en grandes cantidades y con base en montos pequeños, siendo parte de la movilización ciudadana y militantes de la causa de la incidencia. Para este propósito, los activistas sociales y profesionales en incidencia deberán cultivar sus habilidades de procuración de fondos y de sumar ciudadanos que contribuyan de manera económica a la incidencia.

¿Cómo medir los resultados de la incidencia? Si la evaluación y la medición de los impactos sociales son complejos, los de la incidencia son aún más. En Alternativas, defendemos mucho la idea de que la incidencia será más efectiva si se planea, pero reconocemos también que esta planeación deberá ser muy flexible y adaptativa, pues para hacer una buena incidencia habría que responder a coyunturas, a diálogo con los actores, a sucesos inesperados, a respuestas  y procesos difíciles de predecir. De ahí que la planeación, junto con el monitoreo y evaluación de los resultados, deberá hacerse adaptándose a estos procesos. Sin embargo, esto nos regresa a que es fundamental tener una planeación y muy claros los objetivos de incidencia, así como monitorear y evaluar qué tan lejos o cerca se está de alcanzarlos. Al final, hay que ver la incidencia como las propias políticas públicas, como una aproximación de mayores alcances con base en ensayos-error. La evaluación que recomendamos entonces es la escribir los aprendizajes obtenidos a raíz de la práctica y, sobre todo, la incorporación de esos aprendizajes en los siguientes planes de incidencia. La evaluación no debe verse en abstracto como un ejercicio puro y racional sino como un proceso para incorporar aprendizaje a la práctica institucional.

Finalmente, quisiera decir algunas palabras sobre los funcionarios, los legisladores y el “ambiente propicio” de lado de la administración pública para hacer la incidencia un proceso fructífero de colaboración. Se requiere una buena combinación de liderazgo y visión de cambio social entre los funcionarios públicos, así como sostener e incorporar en cambios institucionales, de reglas y procedimientos esta visión. La alta rotación que vemos entre los funcionarios que ocupan distintos puestos nos debe advertir de la importancia de dar continuidad a ciertas políticas, y las organizaciones podemos convertirnos en un ancla que permita garantizar esta continuidad, o por lo menos dificultar la improvisación y los errores de las curvas de aprendizaje.

Sin embargo, requerimos las organizaciones que se nos perciba como interlocutores legítimos en este diálogo con funcionarios. No queremos sus cargos ni otros cargos públicos, no traemos una agenda política atrás, no estamos ahí movidos por intereses ocultos o el partido opositor que quiere golpearlos, no trabajamos ni recibimos fondos por evadir impuestos.

Las organizaciones queremos hacer incidencia porque nos interesa mejorar las políticas públicas, el gobierno y la democracia de nuestro país. Necesitamos ser visibles y estar en el vocabulario de funcionarios y ciudadanos; requerimos repetir este mensaje una y otra vez, a quienes sea necesario; a nosotros mismos a veces, a otras organizaciones y aliados, a los funcionarios y legisladores, a los gobernantes.

Manual de Incidencia en Políticas Públicas

Una nueva herramienta para que los Ciudadanos y Organizaciones transformen las políticas públicas

El Manual de Incidencia en Políticas Públicas es el primer manual en México para organizaciones de la sociedad civil (OSCs) que recoge una metodología única desarrollada por Alternativas y Capacidades, que contiene casos reales de OSCs que han buscado incidir, así como ejercicios prácticos diseñados de una forma didáctica, y un marco teórico simplificado para quien apenas comienza a explorar las políticas públicas y el contexto gubernamental mexicano.

 Este manual está construido para las organizaciones, redes o grupos de la sociedad que practican, han practicado, o desean practicar la incidencia en políticas públicas, otorgándoles una serie de herramientas útiles para elaborar su plan de incidencia, fortalecerlo o mejorarlo. En él se desarrollan conceptos y conocimientos clave para que el lector pueda, mediante una metodología sencilla y clara, elaborar un plan de incidencia en políticas públicas orientado a resultados prácticos y realistas.

El contenido está elaborado con las experiencias y conocimientos recogidos en Alternativas y Capacidades, al  impartir talleres y cursos sobre el tema. De ahí surgió la necesidad de crear un manual en el que se insertaran todas esas experiencias, y en el que pudiéramos añadir estudios y materiales de lectura que complementen la visión de la incidencia en políticas públicas, en el contexto mexicano.

Para obtener esta publicación comunícate al 55959111 con Julia Romero o envía un correo a jromero@alternativasociales.org

El debate en procesos electorales: un ejercicio de todos

Por: Giovanna Morales

Uno de los elementos que ayudan a construir ciudadanía, son las discusiones colectivas de asuntos públicos que interesan a la comunidad política. Nosotros como ciudadanos somos parte de una comunidad política, y como tal, tenemos derechos y obligaciones. Me parece que sin duda una obligación ciudadana es escuchar los puntos de vista de los diferentes candidatos, a través de un debate. Por eso sí lo creo necesario, pero con sus debidas restricciones. Incorporando a la ciudadanía.

El debate es un acto propio de la comunicación humana que consiste en la discusión acerca de un tema polémico entre dos o más grupos de personas. Es de carácter argumentativo, y es guiado por un moderador. En teoría un debate ayuda a crear un ambiente democrático, pero eso depende totalmente del contexto en el que se da. Existen dos formas de realizar un debate en épocas electorales: con la ciudadanía o sin la ciudadanía. El primero busca integrar las propuestas de la sociedad y discutirlas con los ciudadanos. El segundo, se realiza exclusivamente entre los candidatos y corre el riesgo de ser una estrategia de la guerra sucia, que pretende destruir al candidato rival sin piedad. ¿Cuál de éstos dos les suena más conocido?

En México el debate se realiza sin la ciudadanía. Es una herramienta que más que ayudar al ciudadano a discernir y decidir a quién dar su voto, lo manipula para decidir cuál de los candidatos es el peor, y votar por el contrario. No podemos decir que promueve un ambiente democrático ni que es un instrumento de participación ciudadana. Hay países en los que sí lo es. En Inglaterra, por ejemplo, durante muchos años los debates se han llevado a cabo entre los candidatos y la ciudadanía, en grupos pequeños y en un formato en el que los ciudadanos pueden cuestionar al candidato sobre sus propuestas, y éstos las integran a su plataforma. En las recientes elecciones celebradas en ese país (mayo 2010), además de realizar discusiones abiertas con los ciudadanos, por primera vez en la historia también se transmitieron una serie de debates en televisión abierta, entre los candidatos, pero siempre había tenido prioridad el otro tipo de debate. La combinación de los dos tipos de debate ayudó a que el ciudadano pudiera discernir mejor su voto, y a que los partidos pudieran exponer mejor sus puntos de vista y las elecciones fueran más equilibradas. Una prueba de ello es que por primera vez el parlamento no cuenta con mayoría de un partido.

El riesgo de hacer un debate sin el ingrediente ciudadano es grande para los ciudadanos, y hasta para los propios candidatos. Los estrategas de las campañas políticas lo saben. Saben que un debate puede ser un arma de doble filo: o destruye al candidato, o lo levanta en hombros, porque en este país los debates se utilizan como estrategia de la guerra sucia electoral. Esto nos ayuda a entender porqué los candidatos en general o lo impulsan con ansia saboreándose la derrota del enemigo, o le temen despavoridamente.
Fue lo que sucedió en Sinaloa, con el debate que terminó siendo un enfrentamiento descuartizador entre Malova (de la coalición PAN-PRD-Convergencia) y Vizcarra (del PRI-Verde-Nueva Alianza). Y pregúntenme quién ganó con el debate, ¿la ciudadanía, los candidatos, o solo uno de ellos? A la ciudadanía lo que le quedó marcado fueron las acusaciones hechas, más que las propuestas y los contenidos de las plataformas, pues los candidatos se dedicaron la mayor parte del tiempo a sacar los “trapitos sucios”. Y los medios de comunicación resaltaron la paliza que le dio Malova a Vizcarra con el argumento que lo liga con el narco. Ganó sólo uno de los candidatos: el que pegó más duro. Creo que el debate entre los candidatos en Puebla se ha vuelto muy predecible, y no tiene ningún mérito imaginarse que será igual que lo que sucedió en Sinaloa.

Y por eso me parecería muy enriquecedor que los ciudadanos pudiéramos, además de escuchar u observar un debate a través de los medios de comunicación, interactuar públicamente con los candidatos en una discusión abierta. Desafortunadamente la conexión entre los ciudadanos y los candidatos (y las autoridades)  está roto desde hace tiempo y el único acercamiento con la ciudadanía durante la época electoral que se me ocurre nombrar, son los mítines. Pero sabemos que los mítines son actos deliberadamente populistas.

Y en el caso de Puebla, por ejemplo, mientras los candidatos se pelean por realizar un debate y por el número de debates a realizar, y mientras los medios de comunicación libran su propia batalla por ver quién modera y quién transmite, un grupo de ciudadanos agrupados en la Red Actívate por Puebla, presentará este 15 de junio, un día antes del debate, las propuestas ciudadanas que recogió en la serie de foros que realizó con los distintos sectores de la sociedad poblana. Los ciudadanos estamos ansiosos de abrir espacios así. En Facebook ya se creó un grupo de poblanos que se denomina “Los ciudadanos pedimos debate”, que pide que también los candidatos a presidentes municipales lleven a cabo un debate, y la comunidad twitera ya también instó a los candidatos Zavala (coalición PRI-PVEM) y Moreno Valle (Coalición PAN-PANAL-PRD-Convergencia), a que sostengan un debate por este medio.

 Por eso mi invitación es a pensar críticamente para discernir qué de lo que se discutirá en el o los debates, es realmente una propuesta con contenido, y qué de ello serán solamente estrategias sucias que pretenden embarrar al otro candidato para restarle votos.

Mexicanos: menos protesta y más propuestas y acciones

Por: Julia Romero

“Para lograr cambios estructurales hay que empezar por uno mismo”

Todos los días escucho quejas, sobre gobiernos, gobernadores, funcionarios, organizaciones, familiares, amigos, etc. Y con esto de que la tecnología permite a la gente quejarse en más medios de comunicación al día (blogs, facebook, twitter, myspace, etc.), se pueden ver, escuchar, recibir, postear y twitear quejas exponencialmente. Al parecer el facebook funge de intermediario entre las discusiones de sobremesa y las revoluciones de café, y hay que tener cuidado porque “todo lo que uno diga podrá ser posteado en su contra”. 

En un mundo donde predomina el infotenimiento, da la impresión de que que facebook está a punto de ocupar el puesto de Dr. corazón, psicólogo, antidepresivo, paño de lágrimas, vaso-dilatador, etc  de los cybernautas y donde se invierten más horas al día en aplicaciones como Farmville que para trabajar en algo productivo, o para estar en contacto con la realidad de nuestro país. Qué clase de evasión se está generando donde la gente conoce más sobre la parcela cibernética de vacas azules de un desconocido, que la del campesino e está en la periferia de la ciudad manifestándose  en una verdadera lucha por sobrevivir. La ignorancia y la abulia son nuestros peores enemigos, no hay diferencia entre el tirano y el sumiso, para que existan la tiranía y los monopolios existen también ciudadanos que con sus acciones validan esa tiranía. Por lo tanto no hay diferencia entre lo que hace Monsanto y un ciudadano que no es capaz de ver esa realidad.

Hemos permitido que los medios de comunicación nos aislen en lugar de conectarnos, nos desinformen en lugar de comunicarnos, y nos mantengan en la ignorancia, mientras nosotros aceptamos los contenidos que se nos ofrecen sin siquiera cuestionar.

Desde hace tiempo se dice que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, qué voy a hacer para merecer algo mejor. Alguien muy sabio me dijo  ”Yo ya no me pregunto qué país le voy a dejar a mis hijos, si no qué hijos le voy a dejar a mi país”.

No podemos esperar que sucedan cambios estructurales que beneficien el desarrollo de nuestro país, si la mayoría de las personas que pueden realmente hacer algo desahogan sus preocupaciones en redes sociales, y las revoluciones se terminan al levantarse de las sillas del café.

Para lograr cambios estructurales hay que empezar por uno mismo. Si queremos terminar con la corrupción afuera, primero hay que mirar dónde se origina la corrupción en nosotros mismos. Cuántos de nuestros actos al día son corruptos o contribuyen a fortalecer la corrupción en México. Si queremos un país diferente, necesitamos ser mexicanos diferentes, concientes y dispuestos a actuar. El consumidor tiene el poder siempre, y siempre se puede decir que no.

Y todos somos corresponsables de la situación que vivimos hoy en nuestro país desde el momento en que decidimos ignorar la realidad de millones de mexicanos que viven en situaciones de completa vulnerabilidad, simplemente porque mirar esa situación no cabe en nuestra agenda social.

 Ser ciudadanos significa saber que somos corresponsables de la realidad del país, y como tales debemos tomar acciones, profesionalizarnos, conocer nuestros derechos y obligaciones, vigilar que las leyes se cumplan, seguir las carreras y agendas políticas de nuestros gobernantes, informarnos sobre los procesos e iniciativas de ley, dar seguimiento a los programas sociales para garantizar el impacto de los recursos invertidos,  implementar planes de acción para incidir en las políticas públicas, saber diferenciar entre lo público y las políticas públicas, etc. De otra forma sólo somos personas que nacieron en un territorio y que siguen una serie de costumbres sin siquiera saber porqué.

Desde dejar de consumir productos de empresas que sabemos que contribuyen a la desigualdad de oportunidades, que no promueven los derechos humanos, ni la equidad de género, ni con la salud, y que fomentan la esclavitud de la humanidad. Desde hace algunos años está de moda que las empresas se cuelguen medallas que las califican como “socialmente responsables” pero en la mayoría de los casos dichas empresas sólo cumplen con cambiar ”algunos”  de los muchos indicadores  como  para ser certificados y portar la ostentosa medalla.

Como ciudadanos no podemos seguir validando estas acciones. Todos somos instrumentos de cambio social. Para que este cambio sea estructural y positivo tenemos que poner mucha atención, no quedarnos con el discurso mediático. Seamos agentes de cambio social, cuestionemos la información que se nos presenta en medios de comunicación, pongamos los pies en la realidad social, informémonos y tomemos acción, entonces sí participaremos en construir un mejor México para el futuro. Si no, todo lo demás se convierte en pan y circo.

África 2010: Hambre en el Paraíso

Por Juan Miguel Zunzunegui

Se acerca el momento en que México y Sudáfrica comenzarán la fiesta de la miseria en el continente de inmundicia, rodará el balón y los aficionados comenzarán a gritar…, y entre otras cosas, a comer. Algo sobrará en Sudáfrica 2010: comida. Algo faltará en el resto del continente que no cubrirán las cámaras: migajas.

La dieta promedio del norteamericano es de 2,500 calorías, más de las que debería, la dieta de 500 millones de africanos, es decir, la mitad de aquel submundo, es apenas de 1,500, es decir, totalmente deficiente. Pero durante el mundial de futbol, los turistas y aficionados, entre partidos, festejos y derroches, consumirán 300 mil millones de calorías; es decir que los europeos, asiáticos y americanos que visitarán África con su buen par de anteojeras consumirán en promedio la escandalosa cantidad de 8 mil calorías diarias en promedio…, a kilómetros de ahí, en ese mismo momento, , diez niños estarán muriendo de hambre, pero nadie los verá.

De nuevo veremos El Cabo y Johannesburgo pletóricos, y Sudáfrica dará la idea de que el continente se supera, pero es el sitio del mundo donde más hambre hay de todo: de justicia, de igualdad, de dignidad…, pero en este caso hablamos de comida. Uno de los lugares del mundo más ricos en recursos muere de hambre. Las televisoras mostrarán al Serengueti aunque no esté en Sudáfrica, y otros paraísos más, el edén, la cuna de la humanidad…, de donde hace mucho la humanidad, como concepto, simplemente se largó de vacaciones. Nadie hablará del hambre en el paraíso.

Algunos retrógrados decimonónicos siguen usando al tal Malthus para explicar la razón del hambre. Este economista inglés escribió en 1776 un ensayo sobre población donde afirmó que, ya que la población crece a un ritmo infinitamente superior (geométrico) que el de la capacidad de producir alimentos (aritmético); es evidente que no habrá comida suficiente y tendremos hambre. El método de Malthus der acabar con la pobreza es acabando con los pobres. Mejor aún, al estilo fascista de, si quieres acabar con el hambre y con la pobreza a la vez, cómete a un pobre.

Atención, jamás me verán defender el más retrógrada aún, “Creded y Multiplicaos” que tanto gusta a la Iglesia y al Islam, y soy un convencido de la necesidad del control natal en África…, pero entendamos una cosa, el problema de hambre en África no es de sobrepoblación sino de voracidad occidental.

Muchos europeos pretenden hoy que el ritmo de crecimiento demográfico de África es la causa de su hambre. Con eso desvían la atención de la verdad, desde hace siglos, la causa del hambre en África es precisamente Europa. Expliquemos:

Hay en África mil millones de habitantes hoy en día, 300 millones menos que en China, pero con un territorio 8 veces más grandes; hay 150 millones menos que en India con un territorio 15 veces mayor. El problema no es la falta de territorio para sembrar, sino que este territorio es ya propiedad de grandes empresas occidentales y chinas que desde hoy mismo se curan en salud para las evidentes hambrunas del futuro cercano.

Millones de agricultores africanos han sido desplazados de sus tierras para que empresas millonarias compren millones de hectáreas para ser dedicadas al cultivo de alimentos…, pero no de alimentos para la humanidad, y menos aún para los africanos, sino de alimentos para los ricos de las potencias y sus elites cómplices.

Europa comenzó el despojo de África desde el siglo XV, con la colonización, y gente fue precisamente lo primero que sacó de ahí a manos llenas; esclavos. Más adelante trastornó todas las cadenas agrícolas productivas para dedicar las tierras a los cultivos que los europeos necesitaban, para el siglo XIX se llevaban prácticamente todo y sometieron el continente entero en la era del imperialismo. Ya en el XX continuaron el despojo bajo otra modalidad: países independientes políticamente pero atados en lo económico a sus antiguas metrópolis.

La pobreza de algunos países los ha obligado a hipotecar sus recursos y su futuro para la sobrevivencia del día a día: en África occidental los bosques son propiedad de las llanteras para que podamos derrapar mejor en las curvas, en Costa de Marfil el cacao para nuestros chocolates seca los campos, en Egipto el algodón aniquila la agricultura de lo comestible. En el centro de África no importa lo que crezca, ya que todo el subsuelo es un basurero de los desechos radioactivos de occidente.

Hoy las deudas africanas son impagables; en muchos países los simples intereses superan el producto interno bruto de los países deudores… ¡y el mundo sigue simulando que quiere abatir esa pobreza! Mejor aún, hay quien piensa que el Mundial 2010 va a colaborar con el desarrollo. Cierto que mucho dinero llegará…, de las elites de Europa a las elites de Sudáfrica. El resto de ese país, y ni hablar del continente, seguirá muriendo lentamente mientras la humanidad festeja un gol.

El gran mito de la revolución: que existió

99 años festejando una mentira

Por:  Juan Miguel Zunzunégui

Tanto le gusta la fiesta al mexicano que festeja hasta las tragedias. Ejemplo de eso es festejar cada año la Revolución, y además organizar un magno festejo para su cumpleaños número 100. A cien años de iniciada esa masacre a la que los historiadores de quincena llaman Revolución, México no necesita festejar, no tiene nada que festejar. Lo que hace falta a 99 o 100 años es una gran reflexión.

Nos acercamos al mentado centenario y la Revolución es una religión en México, y como todo lo sagrado, no se analiza, ni se cuestiona, ni se critica. Pero dice también la religión “por sus frutos los conoceréis”; así es que veamos los frutos de esa mal llamada primer revolución social del siglo XX…, porque hasta eso celebramos, fuimos el primer pueblo del siglo XX en romperse la madre unos contra otros. Sí Señor.

Pero a 100 años: México no es un país moderno, no funciona la democracia, no hay justicia social, el caudillo se impone a las Instituciones, el pueblo sigue anclado al paternalismo, continúan inmóviles las elites gobernantes, el país tiene una estructura corporativa como en el virreinato, no ha mejorado la educación, ha empeorado de hecho, hay menos industrialización, hay menos paz y orden. ¡Que viva México hijos de la Chingada!

Como nuestra historia gira en torno a glorificar la Revolución y sus mitos, siempre se nos ha dicho que el México del Siglo XX, emanado de la Revolución, es el México moderno. ¿Es México un país moderno? En contraparte, se plantea el México pre revolucionario como un antiguo régimen que debía ser eliminado, y como símbolo visual de ese México antiguo y atrasado nos ofrecen la imagen de Díaz como dictador octogenario, nunca la imagen del Díaz héroe de batallas. Menos aún su verdadera historia y logro: ser el consolidador y modernizador de México.

Como la “dictadura” de 30 años fue sustituida por una “democracia” dictatorial sexenal, se nos dice también que el país cambió caudillos por Instituciones, pero cien años después vemos a pocos caudillos que aún hacen tambalear las instituciones. A principios del siglo XXI, México no está mejor que a principios del XX. ¿Será que la revolución fue un fracaso?, ¿o será que no existió?

De 1910 a 1928, hubo sólo una serie de matanzas por tomar el poder, sin cambiar el modelo porfirista; por eso era necesario darle sentido a la matanza. De ahí surge la idea de la Revolución. Como ésta fue ganada por puro aristócrata (Madero, Carranza, Obregón), hubo que dotarla de héroes populares como Villa y Zapata, aunque el primero fuera un salteador de caminos y el segundo un asesino despiadado, pero sirven para decir que fue una Revolución Social: esa es la construcción revolucionaria del Cardenismo, otra etapa sacrosanta e incuestionable que sumergió a México décadas en el pasado.

Cárdenas creó un sistema políticamente perfecto para dominar, controlar, someter y adoctrinar, pero un fracaso económico a largo plazo. Veamos de nuevo los frutos: un pueblo sin educación, una estructura de poder inamovible, un país corporativo de gremios, sindicatos que ponen en jaque al Estado, una economía estancada y un pueblo acostumbrado a recibir todo gratis, falsos mitos de soberanía basados en recursos naturales, un país alejado del proyecto modernizador, liberal y capitalista de Juárez, un pueblo anclado al pasado y con crisis de identidad, una historia basada en mitos.

Claro que se dotó al país de infraestructura, por ejemplo, de un sistema educativo. Al terminar el Porfiriato, el 75% de la población era analfabeta; a principios del siglo XXI el porcentaje es sólo de 7%; pero eso no quiere decir que haya educación. Veamos los frutos del sistema educativo: 60% de la población “educada” carece de habilidades matemáticas básicas, 46% no tiene competencias lectoras, 70% no tiene capacidad de abstracción y solución de problemas simples, la educación pública tiene como premisa pasar a los alumnos; las escuelas son en realidad guarderías, el mexicano promedio vive con 150 palabras toda su vida, los maestros quieren heredar sus puestos, sin importar su capacitación, y lo más grave de todo, es cierto que el 92% del pueblo sabe leer…, pero no leen, y además no comprenden lo leído. Eso es el México de la Revolución.

Ese festín de sangre, esa rapiña por el poder, que en teoría se hizo por igualdad y justicia social es, a todas luces según nuestra actual situación, un fracaso rotundo. Tenemos una democracia sin demócratas, una sociedad corporativa, un pueblo adolescente en busca de líderes paternalistas, los privilegios de clase no acabaron, sólo cambiaron de clase, porque hoy, el que no tiene un sindicato que lo represente, no puede obtener justicia. El país no es competitivo, se mantienen los grupos de privilegio, sea entre la clase más alta, o entre los trabajadores organizados, pero la clase media está desamparada. Hay discriminación y racismo, una sociedad clasista inamovible, rencor social, polarización de la riqueza y más violencia e injusticia que nunca. ¿Dónde está la Revolución?

La revolución está en los discursos, en los debates de candidatos, en los políticos que lucran con ella, que la usan y abusan de ella, los que la citan sin conocerla, está en los nombres de los partidos y en lo profundo de las ideologías, en el inconsciente colectivo de un pueblo que sigue pensando que la violencia es el camino. Todo esto nos indica, o bien que la revolución fracasó, fue un engaño, o que simplemente no existió y es un mito que mantuvo en el poder a los hampones que se asociaron en un partido que decía representarla.

Pero ya que inevitablemente habrá festejo, hasta doble puente querían los levantadedos del Congreso, ¿cómo festejar la revolución? Muy simple: superándola; sacándola de los discursos y partidos, evitándola como discurso ideológico, dejar de evocarla y querer repetirla en 2010, admitir que, de existir, fue un fracaso, aceptar que nos matamos 25 años por el poder, sin un proyecto de nación, y que eso no es una revolución.

Casi cien años después de iniciado el mitote revolucionario, hay 50 millones de pobres, que no comenzaron con el PAN, memoria histórica México: recuerda a Díaz Ordaz, a Echeverría, al Jolopo, a De la Madrid, al grupo Atlacomulco. Cien años después no hay justicia social.

Con todo a favor, México fue un fracaso durante el siglo XX, el fracaso de la revolución, una construcción ideológica hecha por el régimen, más específicamente por Cárdenas. Para no perder también el siglo XXI hay un solo camino: superar la revolución. México: no hay nada que festejar.


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